Granjas y delegados pestilentes

Pobladores de El Cajón, en la periferia de Huichapan, están doblemente molestos, tanto con la pestilencia insoportable y enfermante de la granja que opera en esa comunidad, como con el papel que asume su delegado, Moisés López Hernández, de abierto defensor de la granja.

Cuestionado también por vecinos de otros barrios y comunidades como El Calvario, San Mateo y Dothí, por representar más a la granja (dueños y empresa) que a los vecinos afectados, López Hernández contesta con un cinismo de antología: «Es que a mí no me afecta».

–¡Claro que te afecta, ni que vivieras en una burbuja!

El personaje niega el daño causado a la salud pública por la granja, sobre todo en su comunidad, que es también ejido, y defiende a la empresa con el argumento de que a veces contrata «ayudantes».

Convocados a una reunión en El Cajón, los representantes de la empresa no llegaron.

Tampoco se apersonaron «autoridades» municipales. Llegó, en cambio, la señora María Elena, delegada de El Calvario, y gente de su barrio que se encontró allí con pobladores de la comunidad de Dothí, afectados por otra granja de la misma familia, los Siordia, cuya contaminación es equivalente, por lo que alrededor de 60 pobladores de El Cajón se agruparon poco a poco y expresaron su enojo con el delegado.

Se dijo que hay una versión acordada entre las «autoridades» sanitarias del municipio y la delegación de Dothí en el sentido de que la granja ubicada en esa comunidad no contamina, que la empresa contratada tiene todo en orden y limpio.

Los pobladores afectados y descontentos hasta la exasperación desmintieron dicha versión: «Lo que pasa es que la delegada también está comprada, ya le dieron su marrano. ¿Cómo pueden decir que allí todo está limpio y en orden, si apesta de la chingada?

–¡La peste nos enferma, como a la gente de El Cajón! ¡Nadie puede vivir así!

La señora María Elena comentó que algunos alumnos de las escuelas de El Calvario han enfermado, que inclusive ella ha tenido problemas de salud.

Con más razón los niños y adultos mayores en El Cajón, San Mateo y Dothí, agregaron otros.

Estos últimos narraron que, al tender la ropa húmeda en exteriores, se impregna de la pestilencia y así tienen que vestirse, que la misma contaminación les quita el apetito y les provoca náuseas a mitad de la comida.

Al final, la asamblea programada no fue tal, fue una reunión informal y amorfa, sin acuerdos, sin minuta, sin información oficial… y la cita se pospuso para el domingo a las ocho de la mañana en el mismo lugar: quiosco de El Cajón, con el delegado y el comisariato ejidal, como acostumbra la comunidad.

Quedó en evidencia una división en la delegación de El Cajón, pues el subdelegado propuso en corto a los vecinos organizar una guardia rotativa de 60 personas (cantidad similar a la que se reunió en ese momento) para bloquear los accesos a la calle y vigilar que no entren más puercos y sean evacuados los que todavía siguen adentro, esto con un plazo y un ultimátum: si la evacuación no termina en dicho plazo, tomar posesión de la granja con apoyo de otros barrios y otras comunidades de Huichapan, y gente de Ixmiquilpan que ha manifestado su disposición solidaria en este sentido.

Se habló de bloquear la carretera federal y tomar la presidencia municipal, aunque la primera idea fue prácticamente descartada por afectar a terceros, no así la segunda, que tendría un significado simbólico y efectos mediáticos.

Se habló también de convocar a medios de comunicación como TV Azteca Pachuca, Televisa, El Sol de Hidalgo y diarios de circulación nacional para que informen de la situación y su parálisis, porque Huichapan está cada vez más cerca de una epidemia y, aunque no sea declarada oficialmente, existe una emergencia sanitaria: la contaminación de la granja no se reduce al aire, abarca también el agua y la tierra desde la superficie hasta los mantos acuíferos o freáticos en un corredor de aguas termales.

La cobertura mediática serviría también para que las autoridades estatales y federales tomen cartas en el asunto con más energía y seriedad, hasta el punto de que Huichapan eventualmente pierda la categoría de «Pueblo Mágico», por la que recibe recursos federales que no se reflejan de ninguna manera en ninguna parte.

Ni siquiera el Lienzo Charro ha tenido el mantenimiento que requiere, se dijo, y el presidente municipal lo maneja como un negocio familiar.

Acerca del delegado de El Cajón, Moisés López Hernández, la comunicación pública y privada baraja la posibilidad de exigir su remoción anticipada y su inhabilitación, como se hizo en su momento con el delegado de San Mateo.

La Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente (Proespa) clausuró el pasado 22 de octubre la granja pestilente y le dio a la empresa diez días de plazo para evacuarla. Cumplido ese plazo, hay todavía 3 mil 500 puercos allí, así que se han llevado mil 500.

El ayuntamiento dice que la empresa tiene derecho a una prórroga, pero ignora el límite de dicha prórroga para que se extienda por dos años, como sucedió con la clausura anterior.

Ni los dueños ni la empresa ni el ayuntamiento (incluidos los delegados de los barrios y las comunidades más afectados, que son El Cajón, San Mateo y Dothí por otra granja) tienen la más mínima intención de que Huichapan deje de apestar a mierda porcina. Apuestan a la costumbre.

Una historia de puercos y gallinas

El viernes pasado tuvo lugar en Huichapan uno de los momentos más representativos de la naturaleza de su gente: al entregar nuestra solicitud respaldada por 351 firmas, el presidente municipal no se atrevió a dar la cara ni los firmantes se atrevieron a encararlo.

En cambio, hubo quienes reaccionaron con un miedo pánico al ser anunciada la cita en palacio municipal. «¡No conviertan Huichapan en otro Ixmiquilpan!» –exclamaron con palabras más o menos desarticuladas y tantas faltas de ortografía como para un concurso. «¡Eres un alborotador!» –le dijeron al equipo de Alerta Huichapan, confundiéndolo conmigo (lo cual me alegra, pues mi colaboración con Alerta Huichapan tuvo un efecto diametral a mi colaboración con El Bocón, de la que me arrepiento). Y se desató una marea de miedo irracional, entre histérico y oligofrénico, por una convocatoria de última hora en palacio municipal.

A la hora de la cita, la gente se agazapó en la plaza y el parque central, asomándose detrás de los árboles a ver quién llegaba al palacio municipal. Esa gente, sin saberlo, dio un espectáculo patético. Su actitud colectiva me dijo que Huichapan es la antítesis de Juchitán, Oaxaca, en sus épocas de pueblo enérgico, aguerrido, combativo, paradigma de México en ese sentido.

Bien dijo una mucama del Hotel Hidalgo con sorprendente honestidad: «Huichapan es un pueblo de gallinas y por eso puede más una granja de puercos». Bien resumió también una recepcionista en el Hotel Villas del Calvario: «Si alguien hace algo en Huichapan viene de fuera». Nomás le faltó agregar: «Y se queda solo; al final es el único que hace algo». Huichapan, Hidalgo, en donde todos dicen hagan y nadie dice hagamos.

Al comentar lo sucedido previo a la entrega de la solicitud y el legajo de firmas, la mujer con más pilas en esta pequeña batalla recordó que, al término de las pasadas elecciones municipales, el candidato independiente acusó al candidato priista de que su «elección» era un fraude. Lo hizo con un altavoz frente al palacio municipal, y la gente se agazapó en la plaza, viendo la protesta desde el quiosco y detrás de los árboles, con la cobardía característica de quienes votan por el PRI en aras de la «tranquilidad».

Episodios como el reciente abundan en los seis años que tengo aquí atrapado: El año pasado, por ejemplo, mientras México se movilizaba en intensa solidaridad con las regiones devastadas por los terremotos y sus réplicas, Huichapan estaba de fiesta porque era septiembre y le importaba un carajo el resto del país y su tragedia. También la indiferencia en este caso es una tragedia y dice más de los huichapenses que ningún manifiesto escrito. El único centro de acopio que se instaló en Huichapan fue reprimido por el desgobierno priista que jamás hace nada mínimamente útil a la sociedad.

Incontables voces (anónimas) de Huichapan coinciden en que su presidente municipal no da la cara y se dedica prácticamente a esconderse…

Conclusión: Huichapan hiede a mierda porcina, pero también a corrupción política y cobardía social.