Después de un fiasco tras otro con dos compañías de gas en Huichapan, dejé de consumir gas durante algunos años y decidí consumirlo de nuevo, al menos en los días fríos de este invierno. Alguien me recomendó Gas Nieto y pedí por teléfono que vinieran a llenar mi tanque estacionario. Para empezar, llegaron con su anuncio sonando y me enteré así de que es Gas Nieto la compañía que recorre Huichapan entre las 7:00 y las 8:00 de la mañana con cláxones grabados que suenan a todo volumen sin que uno se entere de lo que anuncian. Contaminación sonora sin justificación alguna, que amerita por lo menos una gran multa.
Al desplegar su escalera y apoyarla en la orilla de mi azotea lo hicieron con tanto cuidado que la rompieron. Subí a la azotea y el empleado me dijo que el empaque del tanque era suyo y se lo llevaría. Me pareció sospechoso, pero acepté. Llenaron el tanque hasta el 85 por ciento y reclamé por el daño a la orilla de mi azotea. «Ya estaba», contestó el que la rompió en tono idiota de «a ver si pega». Repetí mi reclamo al que manejaba y preguntó: «¿Cómo le hacemos con eso?» A lo cual respondí que yo haría reparar la saliente y les pasaría la cuenta. Él estuvo de acuerdo y se fueron.
Pero no bajaba el gas. Probé de todas la maneras posibles y nada. Así que los llamé para pedir que regresaran. Regresó el que manejaba y encontró cierta unión de conductos que no sellaba. Quién sabe por qué no bajaba el gas. Quizás había una basura y cayó al separar ambos tubos para mostrarme que no sellaban. Le pedí que cerrara la llave del tanque mientras yo reparaba esa avería y lo hizo. Al despedirnos, ofreció volver cuando yo lo llamara para que abriera el tanque, una vez reparado el desperfecto.
Desde que hice la reparación ha pasado medio mes, dos semanas, y desde entonces llamé casi a diario para pedir que me hicieran el favor de abrir el tanque de nuevo, pero ahora que no es comprar gas lo que necesito y lo que pido, se ha dado la casualidad de que no hay pipa, ya hizo el corte y no hay quien la maneje, o se descompuso, ya se fue pa’ San Juan, hoy no trabajó, se descompuso de nuevo. Me dicen que hacen corte a las dos de la tarde, pero puede uno comprar gas hasta las seis. Les digo que oigo su anuncio ruidoso, contaminante y agresivo, y me contestan que lo hace un camión repartidor de cilindros, aunque la pipa llegue con el anuncio sonando. Son tan cínicas y sistemáticas sus mentiras que uno percibe claramente cuán acostumbrados están a mentir siempre sin excepción y hasta en tono de burla risueña que también delata una falta de principios y valores, una deshonestidad idiosincrásica… En fin.
Hoy sábado llamé por última vez. Había decidido que sería la última, pero el que tomó la llamada me aseguró que, en un rato, llegaría la pipa a mi casa. Esperé una hora y, como no llegaba, llamé de nuevo. Contestó otra persona y dijo que la pipa ya se había ido pa’ San Juan. Reclamé por la promesa y el compromiso incumplidos, le hice un recuento de las burlas, y el fulano se comprometió a que me llamaría un supervisor, quién sabe para qué. Anotó mi número telefónico y mi dirección, pero nadie llamó.
Espero, pues, que este relato sirva para que todo Huichapan se entere de la falta de ética, de moral, de respeto y de honestidad en una empresa corporativa que, para empezar, contamina de lunes a sábado, todas las mañanas y algunas tardes, todo el municipio, con sus cláxones grabados y un decibel suficiente para que sea necesario taparse lo oídos hasta que pase…
Claro que, si el ayuntamiento no sirviera para nada, los multaría por ese ruido y por otras razones, pero todo Huichapan tolera la contaminación y la inutilidad parasitaria de quienes se dicen «autoridades».