
El texto siguiente fue publicado dos veces en Facebook, que lo eliminó por infringir sus “normas comunitarias”. En la primera versión, yo daba a conocer la dirección postal del personaje, objeto de esta denuncia, lo cual corregí en la segunda versión. Publicada al día siguiente, esta segunda versión fue también eliminada, ahora por “bullying”. En consecuencia, la repito aquí sin cambiar ni una coma, porque todo cuanto digo es válido.
Una vieja mutante, sociópata y criminal
Dice llamarse Cecilia Cervantes y tener 50 años de edad. Dice también ser “maestra” como si tuviera una maestría cuando en realidad es analfabeta, ignora deliberadamente y reintenta el significado de las palabras según convenga. Conduce un Chevrolet Chevy de color azul oscuro, placas HKK-701-A, con el que produce y arroja todos los días, varias veces al día, contaminación venenosa en cantidades industriales, principalmente al encender el vehículo.
Por el tiempo que tiene, viciando, envenenando, haciendo irrespirable el aire de todos, es obvio que no ha hecho la verificación de su carcacha desde hace años, y por su nivel submental, cabe sospechar que no cuenta con licencia de conductor.
Entre su casa y la mía, la distancia es de unos cuentos metros, lo que mide el ancho de otra casa como las nuestras.
Este problema ha empeorado hasta un punto intolerable y criminal. Si hago algo en mi patio, y la vecina contaminante llega en carro o lo enciende para salir, tengo que encerrarme corriendo para protegerme de su veneno (monóxido de carbono, entre otras cosas). No puedo ventilar mi casa libremente ni lo mínimo necesario porque los ataques de contaminación concentrada, como he dicho, suceden a diario, varias veces al día y sin horarios. Cuando ventilo un rato mi casa tengo que estar al pendiente de la salida y el regreso de la mutante para cerrar las ventanas en chinga. Tampoco puedo hacer ejercicio ni tomar el sol en mi patio, lo cual es vital para mi salud física y mental por razones que no informaré aquí.
He intentado repeler esta contaminación con ventiladores, pero ni siquiera la noche entera es tiempo suficiente para disiparla. Si no hay viento, el aire hiede a gasolina quemada y otros miasmas tóxicos todo el tiempo.
Unas veces, el coche contaminante no enciende a la primera. Otras veces, ella mete hasta el fondo el acelerador y literalmente produce una nube de humo verde que, al dispersarse, respiran también quienes se encuentren en el entorno cercano y no tan cercano. No es exagerado decir —pero los ignorantes más ignorantes ignoran— que la contaminación en masa jode la vida de todos (gente, animales y plantas) en todos lados, sin importar la distancia. Y en este caso, la fábrica de tal contaminación es rodante, circula por Huichapan, envenenándonos a todos con impunidad campante.
* * *
El pasado lunes intenté hablar al respecto con la susodicha y cometí el error de ser amable y respetuoso con ella, explicándole todo lo que pensaría por sí mismo un ser pensante, valga la redundancia, pero esta bestia resultó infrahumana, oligofrénica, mitómana, sociópata y cobarde, como era de esperar, porque además tiene un largo historial de antecedentes con esquemas y patrones de comportamiento no menos egoísta, deshonesto y hasta criminal:
Para empezar, ella y los demás habitantes de la misma casa dejan escapar gas durante meses y en grandes cantidades; lo han hecho más de una vez, incontables veces. Hace dos años y medio, cuando denuncié la negligencia criminal de esta gente y la tácita complicidad, también por negligencia criminal, de Protección Civil, alguien comentó al pie de mi publicación en un grupo de Facebook que el gas llegaba hasta la escuela primaria de El Calvario, frente al Lienzo Charro, así que los alumnos lo respiraban, hecho que obviamente confirmé: desde allí se percibía esta otra contaminación, también altamente tóxica y que afecta sobre todo a niños y ancianos.
La vecina mutante y quienes habitan la misma casa tienen dos perros del tamaño de sus propios cerebros, o sea, miniaturas, que ladran durante horas, a veces días enteros, sin que nadie mueva un dedo. Los ladridos son histéricos y agudos, o sea, estresantes y punto menos que insoportables para cualquiera con un ápice de sensibilidad. Además, los dueños dejan salir un rato a sus monstruitos para que defequen en la vía pública y nadie levante las heces fecales que también respiramos todos. El cinismo de esta gentuza es tal que a veces gritan a los cuarto vientos: “¡Ya se salió Rayno a hacer sus necesidades!” Pero en la discusión que tuvimos, la vieja negó los hechos. En toda la calle, incluidos los terrenos baldíos, abunda mierda canina como rastro de perros de razas pequeñas, incluidas las de tamaño miniatura (como sus dueños), suciedad pestilente y enfermante que, huelga decirlo, cualquiera puede ver y oler.
Durante años, estos animales (me refiero a las desquiciadas mascotas de los otros animales, también irracionales) invadieron mi casa para cagar en mi patio, y dejaron de hacerlo hasta que, hace poco, empecé a dejar un plato de croquetas revueltas con veneno para ratas, asegurándome de que los dueños lo supieran.
Inclusive a la puerta de mi casa, cuando salgo, los monstruitos atacan a veces, mordiendo mis zapatos, gruñendo y ladrando con furia demencial, así como la ignorancia de que una patada mía puede fracturarles el cuello y el cráneo, causar estallamiento de sus órganos internos, y matarlos…
También a veces, durante unos días, la familia mutante alberga perros cachorros de razas grandes (cabe sospechar que los adoptan para venderlos) y, en una ocasión, tuvieron al cachorro encadenado a la reja, casi estrangulándolo, y el cachorro ladró, lloró y protestó más de seis horas, hasta que, libre de lo que me impedía salir de casa, pude asomarme. Creí que lo habían dejado solo y yo haría lo necesario por el pobre animal, pero me sorprendió un espectáculo indignante: toda la familia estaba presente y todos en lo suyo, el niño jugando a la pelota con alegre indiferencia, como siempre, las mujeres riendo a carcajadas… Ningún otro vecino movió un dedo, porque todos aquí son de la misma especie: insensible, indolente, apática, egoísta y estúpida. Reclamé furioso, y la vieja, sin dejar de reír y sonreír en ningún momento, desencadenó al perro y se justificó: “Es que no tenemos tiempo”.
—¡Entonces tampoco tengan perros!
* * *
Por si todo lo anterior no fuera suficiente, relacionaré aquí unas cuantas mentiras y sandeces que me contestó en la discusión del pasado lunes y que balbuceó más tarde ante la policía estatal que la visitó a petición mía:
1. Primero dijo que no arregla su carro porque no tiene dinero (como cualquiera puede ver, empezó a construir un segundo piso en su casa, pero dejar de joder la vida de los demás no es prioridad).
2. Luego dijo que el coche no es suyo: “Si fuera mío, lo arreglaría”.
3. Como evasiones oligofrénicas, deshonestas y cobardes, intentó las siguientes:
a) “¿Y por qué usted no reporta cuando queman basura?”
b) “¿Y su música? Envenena el oído”.
4. Los ladridos de los perros son para saber que alguien anda cerca. “También a usted le ladran”.
5. Mientras discutíamos, uno de sus monstruitos defecaba en la calle, lo cual vi hasta el día siguiente, al revisar el video (que haré púbico en Instagram, Twitter y YouTube cuando tenga tiempo y ganas). Como evidencia de que la deshonestidad no termina en donde comienza la oligofrenia, sino que hacen una grotesca simbiosis, la vecina volteó varias veces, muy tensa, para ver a su mascota cagando y negarlo tres minutos después. Al día siguiente regresé a ver si alguien había levantado esa mierda y allí seguía (siempre hago registro videográfico).
6. A la policía le dijo: “Lo que pasa es que el señor es muy delicado”, tanto como para defenderme de agresiones criminales que atentan contra mi salud y mi vida, mientras que ella chilla por “malas palabras”.
7. También dijo que yo rompía botellas con dardos, pero ella no sabía si eran botellas ni sabía si eran dardos ni sabía si las rompía o qué hacía yo… el caso es que soy el malo y muy malo.
8. También dijo que llevaron a su casa un “paquete de Estafeta” para mí, pero ella se negó a recibirlo (¡eso sí que habla horriblemente de mi horrible persona!) porque ya ven como soy de malo, bien malo.
9. Dijo que tiene un hijo con “capacidades diferentes”, implicando que eso le daba derechos especiales, pero… “¿usted cree que yo dejaría escapar el gas, teniendo un hijo así?” A saber cuáles son las “capacidades diferentes” de su hijo, si ella no alcanza el más mínimo nivel de ninguna capacidad humana. Lo seguro es que lo envenena todos los días y luego se escuda en él como vil cobarde. Gentuza de semejante calaña no debería tener hijos ni perros y ni siquiera debería existir.
(Ese hijo también ha contribuido gravemente al historial de la vieja y su familia, pero me reservo por ahora el relato de su contribución).
10. Por último, la interfecta dijo que yo puedo hacer lo que me “haga sentir más a gusto” porque ella seguirá jodiendo cotidianamente la vida de todos: “Lo que nosotros queremos es respeto y paz” [por eso, durante ocho años en esta calle, hemos hecho todo lo posible para NO MERECER NINGÚN RESPETO Y NINGUNA PAZ].
(Continuará…)