Una historia de puercos y gallinas

El viernes pasado tuvo lugar en Huichapan uno de los momentos más representativos de la naturaleza de su gente: al entregar nuestra solicitud respaldada por 351 firmas, el presidente municipal no se atrevió a dar la cara ni los firmantes se atrevieron a encararlo.

En cambio, hubo quienes reaccionaron con un miedo pánico al ser anunciada la cita en palacio municipal. «¡No conviertan Huichapan en otro Ixmiquilpan!» –exclamaron con palabras más o menos desarticuladas y tantas faltas de ortografía como para un concurso. «¡Eres un alborotador!» –le dijeron al equipo de Alerta Huichapan, confundiéndolo conmigo (lo cual me alegra, pues mi colaboración con Alerta Huichapan tuvo un efecto diametral a mi colaboración con El Bocón, de la que me arrepiento). Y se desató una marea de miedo irracional, entre histérico y oligofrénico, por una convocatoria de última hora en palacio municipal.

A la hora de la cita, la gente se agazapó en la plaza y el parque central, asomándose detrás de los árboles a ver quién llegaba al palacio municipal. Esa gente, sin saberlo, dio un espectáculo patético. Su actitud colectiva me dijo que Huichapan es la antítesis de Juchitán, Oaxaca, en sus épocas de pueblo enérgico, aguerrido, combativo, paradigma de México en ese sentido.

Bien dijo una mucama del Hotel Hidalgo con sorprendente honestidad: «Huichapan es un pueblo de gallinas y por eso puede más una granja de puercos». Bien resumió también una recepcionista en el Hotel Villas del Calvario: «Si alguien hace algo en Huichapan viene de fuera». Nomás le faltó agregar: «Y se queda solo; al final es el único que hace algo». Huichapan, Hidalgo, en donde todos dicen hagan y nadie dice hagamos.

Al comentar lo sucedido previo a la entrega de la solicitud y el legajo de firmas, la mujer con más pilas en esta pequeña batalla recordó que, al término de las pasadas elecciones municipales, el candidato independiente acusó al candidato priista de que su «elección» era un fraude. Lo hizo con un altavoz frente al palacio municipal, y la gente se agazapó en la plaza, viendo la protesta desde el quiosco y detrás de los árboles, con la cobardía característica de quienes votan por el PRI en aras de la «tranquilidad».

Episodios como el reciente abundan en los seis años que tengo aquí atrapado: El año pasado, por ejemplo, mientras México se movilizaba en intensa solidaridad con las regiones devastadas por los terremotos y sus réplicas, Huichapan estaba de fiesta porque era septiembre y le importaba un carajo el resto del país y su tragedia. También la indiferencia en este caso es una tragedia y dice más de los huichapenses que ningún manifiesto escrito. El único centro de acopio que se instaló en Huichapan fue reprimido por el desgobierno priista que jamás hace nada mínimamente útil a la sociedad.

Incontables voces (anónimas) de Huichapan coinciden en que su presidente municipal no da la cara y se dedica prácticamente a esconderse…

Conclusión: Huichapan hiede a mierda porcina, pero también a corrupción política y cobardía social.

Reportaje: Una granja criminal

Los Arcos Saucillo

Huichapan, Hidalgo, a 28 de octubre de 2018. Huichapan hiede a puerco desde que fue declarado «Pueblo Mágico» hace seis años, y su propio pueblo ahora lo llama «Puerco Mágico».

En 2016 padeció una crisis de contaminación porcina que parecía quedar en el pasado con un hedor reminiscente que se intensificaba en días esporádicos hasta niveles más o menos tolerables (siempre y cuando estuviéramos en casa y cerráramos a tiempo las ventanas).

A principios de este mes, sin embargo, una pestilencia insoportable y enfermante de mierda porcina y otros deshechos tóxicos, a veces quemados, invadió y saturó el aire de Huichapan y sus alrededores, con un doble repunte, pues al de los años se agrega en esta ocasión el que padece la población tres veces al día, cada ocho horas en promedio.

Mucho mayor que su antecedente de 2016, la contaminación proveniente de la granja conocida como El Membrillo y ubicada en la comunidad El Cajón, afecta gravemente la salud de los habitantes y visitantes, además de la economía local que dependa de turismo, proyectando una pésima imagen de Huichapan a nivel mundial.

Sus efectos: dolores de cabeza, calenturas, dificultades respiratorias (desde catarros hasta gripes) y tos, náuseas y vómitos, fatigas, insomnios, conjuntivitis y debilidad visual, entre otros, sobre todo en los niños y adultos mayores.

El verdadero nombre de la granja porcina es Agropecuaria Tepeyac, pero todos la llaman El Membrillo por ser contigua, para desgracia de sus vecinos, al Rancho El Membrillo, cuyo nombre data de 1801, mientras el de la fuente de contaminación criminal no consta en ningún lado, es prácticamente un secreto.

La granja, propiedad de la señora Dolores Cela (viuda) de Siordia, según el Grupo Ambientalista Huichapan, engorda cinco mil cerdos en cinco naves para mil cerdos cada una y los vende cada cuatro meses, por lo que suman quince mil al año, de los cuales muere un cinco por ciento o más: entre 750 y mil puercos al año son tirados a cielo abierto con cal encima, de modo que los perros famélicos huelen los cadáveres y completan el desastre.

Miles de cerdos crecen hacinados en un mar de su propia inmundicia, que los criadores dejan acumular hasta que les cubra las patas y les llegue hasta la panza, como para que los pobres animales no puedan caminar y aprendan a nadar, o por lo menos adapten su forzado y esforzado sistema respiratorio a la saturación insalubre del aire, añadiendo sus propios gases.

La empresa contratada por la propietaria para la crianza, la engorda y la venta de los puercos es Grupo Sterling, registrada en Santiago de Querétaro, una empresa considerada de «capital golondrino» por ir de un lado a otro; antes operaba en Tecozautla, también «Pueblo Mágico» del estado de Hidalgo, hasta que los pobladores lograron echarla de sus tierra por la vía legal y de la movilización social hace dos años y medio, o tres.

El responsable de su operación en Huichapan era el ingeniero Leobardo Martínez Degollado, quien dejó de trabajar para la empresa en abril pasado (según su propio dicho), pero mientras estuvo a cargo de la granja ocurrió la crisis de 2016 y la contaminación llegó a tal punto que, por ejemplo, una muchacha embarazada vivía en El Cajón, empezó con tos y terminó abortando.

Los propietarios del Rancho El Membrillo fundaron entonces el Grupo Ambientalista El Cajón, ahora Grupo Ambientalista Huichapan y, entre otras cosas, recabaron testimonios de vecinos sobre los efectos de la contaminación porcina en su cotidianidad, dramáticos testimonios que hablan de moscas en abundancia, pérdida del apetito y del sueño, sobre todo cuando los niños más pequeños despertaban llorando, con calenturas y dolores de cabeza.

La comunidad El Cajón es la principal afectada; en segundo lugar, los barrios San Mateo y El Calvario, y de ahí todo Huichapan.

En algún momento, para apaciguar el descontento, Leobardo Martínez ofreció puercos de regalo a los dueños del rancho, quienes optaron por migrar al estado de México.

El Grupo Ambientalista documentó que la granja contamina tanto el aire como el agua y la tierra, desde la superficie hasta los mantos acuíferos o freáticos, un daño que resulta especialmente destructivo y criminal por la ubicación de Huichapan en un corredor de aguas termales, mientras que los ejidatarios de El Cajón denunciaron que el agua del ejido escasea debido a su acaparamiento por la granja.

Al ocurrir la crisis actual, con otros responsables, la granja recurrió a sus habituales prácticas de soborno con sendos puercos de regalo a los 44 delegados de los barrios y las comunidades de Huichapan en un último intento de amortiguar las protestas, y algunas de estas «autoridades» auxiliares aceptaron el ofrecimiento.

Los delegados de San Mateo y El Cajón asumen papeles ambiguos, abogando a favor de la granja por dar empleos mal pagados que además enferman a los empleados.

A cambio de que dejaran de protestar, la granja regaló cerdos pequeños a unos cuantos pobladores de El Cajón y, por ser gente de muy escasos recursos, también aceptó el ofrecimiento.

Norberto Nieto Ramírez, propietario del rancho y fundador del Grupo Ambientalista, considera que la crisis actual es consecuencia de la insalubridad acumulada que terminó desbordándose por «malas prácticas» y falta de supervisión sanitaria, mientras que otras fuentes especulan que los operadores de la granja decidieron ahorrarse la inversión en químicos necesarios como pesticidas y desinfectantes.

Una historia de familia: La señora Dolores Cela de Siordia, propietaria de la granja criminal, es suegra del priista Honorato Rodríguez Murillo, a su vez pariente de Jesús Murillo Karam, y ese yerno, oriundo de Huichapan, fue secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales en el gobierno del estado de Hidalgo, posición desde la cual pudo bloquear o anular todas las denuncias o demandas legales (o penales) en contra de la granja, su propietaria y la empresa que tuviera contratada, litigios por el daño irreparable que han causado al medio ambiente y, en consecuencia, a la salud de la población de Huichapan en general, incluida la flora y la fauna.

Esta complicidad al cobijo del poder continúa, pero ahora en forma de permisividad.

El sábado 20 de octubre hubo una reunión del presidente municipal, Humberto Alejandro Lugo Guerrero, y algunos subalternos, con delegados de los barrios y las comunidades; alguien que supo de la cita convocó a su vez a los vecinos de la noche a la mañana, y los funcionarios se vieron obligados a dar explicaciones cara a cara, delatando su falta de práctica en ese ejercicio.

El edil dijo entonces que no contaban con información, que no había antecedentes, que no podían hacer nada, que no tenían competencia, que habían ido a la granja, pero no los dejaron entrar, que habían regresado y tampoco los dejaron entrar, que ingresar por la fuerza o clausurar la granja sería un abuso de autoridad, que habían presentado un escrito ante instancias estatales y federales (incluida la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, que no tiene competencia en este caso), pero todavía no recibían respuesta… todo en ese tenor exasperante, además en voz baja, balbuceando, balbuciendo y tartamudeando, como los subalternos, a quienes temblaba la voz y la quijada.

Una vez exhibida su debilidad, edil y subalternos propusieron como «solución conducente con apego a derecho y la normatividad» un periplo interminable de trámites burocráticos y esperar por tiempo indefinido; para interponer otra denuncia, pidieron a los vecinos firmar hojas en blanco y, salvo los delegados, nadie lo hizo.

Bajo presión del malestar ciudadano, el ayuntamiento municipal interpuso una denuncia penal ante la Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente (Proespa), que había clausurado la granja en 2016 por motivos similares a los actuales, pero a partir de una denuncia ciudadana, según el mismo ayuntamiento.

La Proespa se enteró esta vez de que la granja había ignorado la primera clausura y seguía operando desde entonces, así que la clausuró por segunda vez el lunes 22 a causa del antecedente y del reiterado y recurrente incumplimiento con diversas normas de higiene y sanidad industrial.

La Proespa emplazó a la empresa: 5 días a partir de la reciente clausura para presentar la documentación requerida, y 10 días para evacuar a todos los animales que hubiera en el interior de la granja; en caso de requerir más tiempo para la evacuación, los propietarios o la empresa que opera la granja tienen derecho a una prórroga, pero el ayuntamiento municipal ignora cuál es el límite de esa prórroga y calculan tres o cuatro semanas.

Los sellos de clausura fueron colocados en las puertas de tal modo que sea posible abrirlas y cerrarlas sin romperlos.

Además de la granja vecina del Rancho El Membrillo, las autoridades sanitarias del ayuntamiento supervisaron la que se encuentra en Dothi, una comunidad más alejada, y aunque algunos vecinos se quejan del mal olor, el coordinador de ecología municipal, Ricardo Paniagua Martínez, dice que allí todo está en orden y que esta granja es administrada por otra empresa.

Ambas granjas tienen los mismos propietarios (al menos de la misma familia: Siordia), pero los funcionarios municipales dicen desconocer quiénes son dichos propietarios porque su querella es contra la empresa contratada en la granja de El Cajón, y dicen ignorar inclusive los nombres de las granjas.

Otra laguna-omisión del gobierno municipal se refiere a los documentos requeridos a la granja por la Procuraduría: el ayuntamiento no tiene copia ni sabe qué documentos son.

Fuentes cercanas al gobierno municipal informaron, por su parte, que miente al decir que la denuncia de hace dos años fue ciudadana, pues la interpuso el mismo gobierno municipal, pero sin seguimiento ni supervisión para permitir que la granja siguiera operando, como pretenden que suceda también ahora.

A la negligencia cómplice y permisiva hay que agregar que las autoridades municipales nunca informan a la ciudadanía de nada, en parte, porque nunca hacen nada que sea servicio público y, en parte, por delegar en las «autoridades» auxiliares esa obligación gubernamental.

En resumen, si algo exhibe la podredumbre contaminante que padecemos ahora más que nunca en Huichapan es vacío de autoridad, corrupción administrativa y apatía de todos en conjunto.

Las granjas porcinas de la familia Siordia causaron una crisis sanitaria en estos días, pero también hay una granja de pollos, seguramente inmensa, que satura el aire de pestilencia tóxica y excremental en el entorno de la Bodega de Aurrerá y la terminal de camiones foráneos.

Cemex es otra fuente de contaminación masiva y no menos criminal, que ameritaría también un extenso reportaje si no fuera porque, a diferencia de la granja conocida equivocadamente como El Membrillo, ha tenido amplia cobertura periodística.

Carta al desgobierno

Hace poco intenté descansar de facebook por un tiempo, pero regresé para escribir al ayuntamiento municipal (priista) de Huichapan, Hidalgo, pues su página web, con todo un directorio de establecimientos comerciales, no publica ni una sola dirección electrónica propia. Escribí a dos instancias del ayuntamiento hace dos semanas por esta vía y no hubo respuesta.

He aquí una versión ligeramente modificada de la carta que envié, aunque falta mucho qué agregar, pues he recordado lo suficiente para que sea cuatro veces más extensa y diez veces más indignante.

A quien corresponda:

Mi nombre es Iván Rincón Espríu y soy propietario de la casa ubicada en Ejfalsk Sfsljdk. El propietario de la casa contigua […] ha hecho lo siguiente:

Él o alguien de su familia arrastra muebles a las 3:00 o 4:00 de la madrugada; juega con algún apagador, unas veces media hora, otras hasta dos horas, y lo escucho porque nuestras casas transmiten hasta el más mínimo sonido por las paredes y los techos; oye televisión a todo volumen junto a mi recámara principal…

Antes usaba podadora eléctrica a las seis de la mañana; invadía mi casa: entraba por el patio delantero y echaba comida por la ventana. Mi perra enfermó con esa comida y estuvo en peligro de morir con pedazos de huesos atorados en la garganta. El vecino dejó de hacer esto cuando lo sorprendí, le reclamé, cerré con candado la puerta del garaje y con llave la puerta personal del patio, todo el tiempo.

A principios del año pasado (hace un año y medio), encementó el empedrado de la calle, que así sigue: encementado; construyó jardineras en la vía pública, frente a mi casa, sin consultarme y presumiblemente sin consultar a nadie. La autoridad municipal (si acaso existe) debe saber si obtuvo permiso para eso; en tal caso, la autoridad misma habrá incurrido en alguna irregularidad, al conceder dicho permiso sin consultar al principal afectado, que soy yo.

Un árbol de su patio trasero invade mi patio y deja caer duraznos podridos en mi propiedad.

El señor junta basura de la calle y la deja frente a mi puerta; lo ha hecho unas cuatro veces; la última vez levanté dicha basura y la puse frente a su puerta. Hace unas horas, volvió a ponerla frente a mi puerta, como si buscara pleito…

Solicito al ayuntamiento municipal, a la instancia correspondiente, que tome cartas en el asunto. No es la primera vez que hago de su conocimiento algo irregular y siempre ha sido en vano.

En dos ocasiones anteriores, denuncié que el propietario del terreno baldío que linda con mi patio delantero arroja cascajo y arena, hecho que me afecta porque los ventarrones entierran mi patio y mi sala. Alguien se comprometió a llamarme y/o venir a ver la situación, y no ocurrió nada (quizá porque el propio ayuntamiento dejó durante ocho meses montañas de tierra en mi calle que, también con los ventarrones, enterraron las casas). En dos ocasiones he pedido el auxilio inmediato de la policía; me han respondido: «Van para allá», y me he quedado esperando. En otra ocasión reporté que había un cadáver de perro en el camino a La Sabinita y no hicieron nada; después de insistir durante semanas, dejaron correr agua suficiente para un largo riachuelo que, además de desperdiciar agua en abundancia, contaminó toda la zona (hecho doblemente criminal). Entre otras cosas.

¿Por qué no hay correos electrónicos de cada instancia municipal en la página web del ayuntamiento?

En fin.

Quedo en espera de respuesta, a ver si ahora sí.

* * *

Como dije, no hubo respuesta. Y acabo de enviar el siguiente mensaje:

Han pasado dos semanas desde que les envié esta carta. ¿Qué esperan para responder? ¿Nomás atienden a los de su calaña? Gobernar para unos cuantos no es gobernar. Por lo visto, el PRI nunca jamás hace nada que no sea deshonesto.

Estado del tiempo

Al frío invernal que padecí en Huichapan siguieron los vientos huracanados y luego la primavera, pero esta última no duró mucho, pues la interrumpieron a mediados de abril los días grises con lluvia. Hoy tenemos una tormenta con relámpagos, una más, que ojalá hubiera caído encima de la feria del Calvario. Al terminar Semana Santa, por costumbre y tradición, hay una feria que llaman «la fiesta del pueblo» y es una pesadilla de ruido que llega a diez kilómetros de distancia y quizá más lejos. En la madrugada, cuando ya no hay canciones a todo volumen y simultáneas, además de un locutor, animador, «maestro de ceremonias» o lo que sea, gritando una demagogia de nacionalismo fanático y haciendo chistes machistas, ocurre un ataque de petardos y campanazos, también simultáneos; podrían ser algo así como cien de los más furiosos petardos y 50 campanazos. El templo en donde perpetran este ataque está demasiado cerca de mi casa, en el mismo barrio, igual que el Lienzo Charro y un salón de fiestas, lugares al servicio del pandemonio que llaman feria, junto con la calle que llaman avenida (quizá porque tiene banquetas) y el adoquinado entre ambos espacios cerrados. La feria del Calvario es algo nuevo, me parece, y este año coincide con las campañas electorales, que también son contaminación sonora y de todo tipo. Cuando escucho la grabación con altavoz que pasa en carro, diciendo soy el candidato de tu partido y soy honesto y orgullosamente mexicano y orgullosamente huichapeño y tengo preparación escolar, vota por mí, el cielo se oscurece y oscurece el día, las nubes grises ocultan el sol y el aire se enfría. Cuando los candidatos o sus operadores (choferes de automotores con altavoces) rebasan el límite de mi tolerancia, entonces llueve…

Ayer, en el camino a pie rumbo al supermercado, me rebasó una camioneta blanca y su grabación a los cuatro vientos, gritando a todo pulmón por si el altavoz no transmitiera el entusiasmo: «¡Soy candidato del PRI, el mejor partido, ya lo conoces, el de las mayorías, que se preocupa por ti, que te escucha, el que mejoró tu barrio! Este 5 de junio, ¡vota por mí!» Al regresar en taxi, el taxista me hizo plática sobre las variaciones climáticas y, a punto de llegar, dijo:

–Lo que sea es bueno, todo es bien recibido, con optimismo.

–No sé que tenga de bueno el cambio climático, el calentamiento global, el efecto invernadero… –comenté.

–Todo es voluntad de Dios –dijo el taxista.

–No sé qué madres tenga que ver Dios con las montañas de unicel que consume Huichapan. ¿El cáncer como castigo? Si en la bodega de Aurrerá no les alcanza la inteligencia para tener bolsas grandes y, cuando se me olvida llevar mis propias bolsas, tengo que llevarme todo hasta en 20 bolsitas, ¿es voluntad de Dios? Pues voy a buscar su dirección en la sección amarilla para reclamarle por tanta estupidez.

El taxista guardó silencio y, por un momento, supuse que pensaría en lo que yo acababa de decir, pero en cuanto bajé del carro y le pagué, antes de sacar mis 20 bolsas de la cajuela, percibí que sufría un trastorno sicológico de huichapeño acomplejado y submental, y no movió un dedo para ayudarme con las bolsas.

–Con estas pinches bolsitas, los pendejos de Aurrerá gastan más, contaminan más y me hacen perder más tiempo, además del que pierden ellos a lo pendejo –rezongué mientras bajaba el «mandado» y lo ponía junto a mi reja.

El taxista no dijo nada porque pensar cosas como esas es algo muy lejano a sus posibilidades y muy ajeno a sus intereses. Los taxistas de aquí practican un deporte que consiste en hacer el menor esfuerzo posible, aunque no sirva para nada.