Y gentuza infrahumana en torno suyo
Junto a mi casa están construyendo otra casa y, de paso, destruyendo la mía. Tienen todo el invierno dando martillazos apoyados en mi casa, de modo que han roto, entre otras cosas, la pared y el techo del cuarto en donde duermo y hago casi todo. En la primavera del año pasado rompieron la barda de mi patio y el muro de mi escalera. Hoy llegaron a un punto crítico. Tomé fotos y video del momento en que meten algo entre ambos muros para martillar. Llegó el «responsable» de la obra y, aprovechando que yo me bañaba, le dijo al albañil que siguiera martillando apoyado en mi casa y nomás pusiera un plasticote negro para ocultar lo que hacen.
Exigí al albañil que dejaran de apoyarse en mi casa y negó que hicieran semejante cosa (momentos antes contestó con ruidos guajoloteros y mentadas de madre). Llamé al 911 para que viniera la policía municipal; no salí de inmediato por esperarla; pasaron 20 minutos de martillazos sin que viniera nadie y volví a llamar; dijeron que la calle no correspondía con el barrio (¡!); volví a darles la dirección y esperé otro rato, mientras las bestias seguían rompiendo mi casa; volví a llamar y me dijeron que, según la policía municipal, este asunto es de obras públicas y el constructor tiene permiso de construcción, entre muchas otras sandeces burocráticas. Obviamente no me llamaron para decir que la policía no vendría, ni pensaban llamar en ningún momento.
Llamé entonces a la policía del estado y, luego de tres largas discusiones, acordamos que vendría una «unidad» y que yo la esperaría en cierto lugar. La esperé media hora y no llegó. Regresé a mi casa y coincidí con la patrulla. Fuimos al lugar de la obra y ocurrió lo que narra el video.
Hay mucho más que informar al respecto y lo haré por partes, además de subir a YouTube un video editado con la mayoría de las evidencias que registré hoy.
El texto anterior fue publicado en Facebook para contextualizar el video y viceversa. Como no tengo tiempo para rehacer ese texto con lo principal que haya dejado en el tintero, lo agrego:
El nombre del “responsable” de la obra (construcción destructiva) es Alejandro Sánchez Villegas, según su propia voz. El día crítico, evadió todo cuanto le dije, como si estuviera drogado o le hablara el Espíritu Santo; nunca me miró a los ojos, siempre negó hacer lo que hacía y, si acaso dijo algo, lo dijo con la mayor debilidad posible. “Es que no vamos a llegar a nada”, por ejemplo.
En el video, tan consciente está de lo que hace, que esconde la cara y niega su nombre como un criminal cobarde.
Ese “responsable” lo es también de que hayan desaparecido las ardillas, los cacomixtles y las zarigüeyas o los tlacuaches, además de las ranitas y muchos otros animales que habitaban esta zona, ahora infestada con las obras y sobras que ha perpetrado el personaje y la empresa que lo contrata…
En la primavera del año pasado rompieron la barda de mi patio y el muro de mi escalera, entre otras cosas, además de salpicar cemento y cascajo como si fuera consigna. Limpié cinco veces y volvieron en invierno con sus martillazos y más ruido…
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Enero 8 de 2020. Cuando llamé a la policía del estado, contestó primero una mujer y, al oír de qué se trataba, se soltó hablando como demente, diciendo que yo debía dirigirme a obras públicas del ayuntamiento para que me dijeran que había permiso de construcción. Intenté decirle que el constructor no tenía permiso de destruir mi casa, pero la mujer nunca dejó de hablar y, cuando grité lo que tenía que decirle y ella tenía la obligación de escuchar, colgó el teléfono.
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El comportamiento y la disfunción endémica de la gentuza infrahumana en el número de “emergencias” es un episodio que merece tratamiento especial. En siete años que tengo llamando a ese número, jamás ha respondido alguien con neuronas vivas en el cerebro. Una vez respondió una mujer bostezando con ostentación (al cabo atienden emergencias). Y la policía municipal jamás ha movido un dedo, salvo acaso para excusar su inutilidad. En el texto que escribí al respecto como segunda parte falta decir que he leído incontables testimonios de pobladores de Huichapan sobre ausencia, tardanza, negligencia y omisión, entre otras cosas, por parte de la policía municipal. También he visto fotos de la policía municipal exhibiendo en plena vía pública sus habituales prácticas de huachicol o huachicoleo (todo Huichapan ha visto esas fotos).
Quienes responden en «emergencias» y la policía municipal de Huichapan coinciden, como si concertaran su incompetencia, su inutilidad parasitaria, el fracaso y la pérdida de tiempo siempre que uno recurre a ellos.
Hasta donde recuerdo, llamar a emergencias en la CDMX solía ser efectivo. Aquí lo normal es que, tratándose de “servidores públicos”, nadie nunca sirva para nada. Aquí el tercermundismo es de antología, una verdadera vergüenza…
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En Facebook han salido algunos defensores del “responsable” o “encargado” que, para construir una casa, destruye otra (en este caso la mía), además del medio ambiente, y esos defensores se apellidan Trejo o Sánchez o Sánchez Trejo. Confirman la regla infalible de que la peor gente de Huichapan (la más deshonesta, ignorante y estúpida, inclusive cobarde y hasta demencial) es la que más habla de “respeto”, pero con una idea muy otra, pues llaman “respeto” a la cobardía, y exigen respeto cuando uno responde a sus faltas de respeto, y lo exigen con intentos de insultos y de amenazas (demasiado ridículo todo como para tomar algo en serio), incontables sandeces legaloides o seudolegales, y todas las faltas posibles de ortografía y de sintaxis, como si en vez de escribir, aporrearan el teclado, y en vez de pensar, cagaran… Todos son oligofrénicos y deshonestos: una cosa no termina en donde comienza la otra; la deshonestidad más bien se ampara en la oligofrenia. Si juntáramos las neuronas de todos esos seres no serían ni por asomo las de uno pensante, digamos capaz de escribir un párrafo o por lo menos una palabra coherente. Y finalmente, no le hacen ningún favor al que defienden, pues la calidad de los defensores delata la calidad del defendido.
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Por lo pronto es todo, pero esta historia continuará.
Actualización: enero 10 a las 21:30
