Más negligencias

Fase 3: La Carabina de Ambrosio

Huichapan, Hidalgo, 30 de abril. Salgo a tirar la basura, llevar mi ropa sucia a la lavandería, comprar tortillas y lo que siempre compro en la dulcería (nueces y arándano a granel, amaranto y chocolate), además de fruta y huevo en el regreso al barrio donde muero.

En el centro descubro que no existe ninguna cuarentena, que nadie se queda en casa, que nadie guarda su sana distancia… Muy por el contrario.

Hay cada vez más gente con cubrebocas o mascarillas, empezando por la policía (que seguramente lo hace por obligación), y los establecimientos comerciales tienen gel desinfectante a disposición de los clientes, como empezó a suceder desde el principio de la pandemia. Pero cuarentena, en absoluto.

El local de la dulcería es muy estrecho y la fila de clientes se atiborra, se aglomera con singular gusto por la cercanía física, inclusive se toca: unos ponen las manos en los hombros y las espaldas de otros. Habiendo más empleados, la cajera deja de cobrar para pesar el arándano y la nuez, mientras la fila espera, crece y estrecha su alegre cercanía… ¡Ay, qué rico se siente!

La sucursal de Bancomer en Huichapan es el paradigma de la ineptitud privada, como Caposa es el de la ineptitud pública. Y aquí paradigma es ejemplo a seguir, tanto por los empleados como por los clientes. De ahí que la gente prefiera los domingos para plagar el cajero automático y hacer largas y sociables filas. ¡Viva el calor humano! ¡Cómo extrañamos el tianguis, la feria del Calvario y demás baños de pueblo!

Confieso que, por no ser asalariado ni estar atenido a las quincenas, esta vez no reparé en la fecha. De hacerlo, no salgo, dejo todo para el día siguiente, o salgo preparado con la Canon y la GoPro.

En los trayectos percibo más tráfico vehicular que de ordinario.

En el parque principal del barrio donde muero, los listones de “prohibido el paso” allí siguen, como probablemente sigue dentro del baño público la suciedad acumulada durante meses que suman años. Miasmas hechos «usos y costumbres».

Pero en su página de Facebook, la presidencia municipal reproduce una imagen explicativa de quiénes deben usar cubrebocas y quiénes no: Si tienes síntomas de coronavirus debes usarlo; si no tienes síntomas no debes usarlo. Así de simple. Y lo más aberrante es que dicha imagen está firmada por el desgobierno federal, paradigma universal de la negligencia criminal y la mentira como religión, con su misa diaria y su opio de ocurrencias autocomplacientes.

También hay una imagen que dice: «Hoy más que nunca debemos mantenernos unidos como huichapenses» (y como si los huichapeños supieran con qué se come una metáfora).

Durante siete años de usar cubrebocas en Huichapan, la gente ha creído que lo uso porque estoy enfermo. Su lógica es tan simple que atenta contra la lógica, y la gente simple jamás entenderá que, por usar cubrebocas, no estoy enfermo; están enfermos todos los demás con una percepción entre aturdida y atrofiada…

En su página de Facebook, por cierto, la presidencia municipal, en vez de responder a las preguntas, las borra, elimina el “comentario” y bloquea una posible interlocución. Los parásitos que infestan el palacio municipal, además de violar las leyes, los reglamentos y los bandos, todos los días sin excepción, son imbéciles, deshonestos y cobardes, y exhiben su naturaleza cada vez que tienen oportunidad.

Por lo demás, es evidente que, si los hubiera, serían necesarios muchos años para educar a un pueblo como el de Huichapan en una cultura de prevención y contención de las enfermedades contagiosas y hasta epidémicas, por no hablar de las pandemias y el significado de cada concepto y categoría…

Con base en tres videos publicados por usuarios de redes sociales, una nota del portal Sin Embargo describe situaciones análogas en otras “ciudades” provincianas de la franquicia tejana que llamamos República, lo cual confirma una tendencia y el acierto de todas las reflexiones pesimistas al respecto.

(Seguiremos informando…)